Minotauros
Minotauros
web
 
INICIO
Arpias
Angeles
Afang
Anfisbena
Bruja
Big Foot
Centauros
Ciclopes
Contempladores
Culebre
Dragones
Genios
Elfos
Sirenas
Magos
Golem
Minotauros
Grifos
Duendes
Orcos
Troll
Lamia
Hadas
Ninfas
Hidras
Unicornios
Naga
Hipocampos
Kelpie
Leviatanes
Esfinges
Manticora
Hipogrifos
Górgona
Pegaso
Quimera
Roc
Wyvern
Estirge
Fénix
Kraken
Gargolas
Gnomo
Trasgos
Kobold
Silfos
Vampiros
Pejemullers
Makara
Sleipnir
Valquirias
Banshee
Momias
Equidnas
Fantasmas
Titan
Driadas
Basiliscos
Kappas
Faunos
Satiros
Silfides
Ondinas
Nereyda
Náyades
Salamandras
Dragone-Kitsune
Shirokinukatsukami
Goblins
Asrai
Mirrows
Sealkie
Liminiade
Trenti
Hobgoblin
Kobold
Phooka
Ekeco
Licamtropos
Chupacabras
Mapinguari
Serpientes Marinas
Efreet
Marid
Dao
Djinn
Wazu
Necrofago
Nigromante
Zombi
Ogro
Leprechaun
Clurichaun
Far darrig
Serafin
Querubín
Trono
Arcángel
Amazona
Drider
Azotamentes
Abolez
Saeton
Yale
Ent
Huargo
Lobizón
Phateng
Malto
Eepeep
Sheks

imagen
Según la mitología, el dios Zeus le regaló al rey de Creta, Minos, un bellísimo toro blanco para ser sacrificado en honor a Poseidón. El toro era tan hermoso que Minos no fue capaz de sacrificarlo, quedándoselo él, y sacrificando otro toro al dios del océano esperando que éste no se diera cuenta del cambio. Poseidón, por supuesto, notó la diferencia y se llenó de ira. Como castigo a Minos, el dios hechizó a Pasifae, la esposa del rey, e hizo que ella se enamorara del toro blanco. Pasifae intentó entonces seducir al toro de diversas formas, pero ninguna dio resultado, por lo que ella decidió pedirle ayuda a Dédalo, el arquitecto más hábil de Creta. Dédalo construyó entonces una vaca de madera, hueca, de forma que Pasifae pudiera esconderse en su interior. La reina regresó disfrazada a donde el toro, y éste, confundido por la perfección del disfraz, la montó.

El resultado de la unión de Pasifae con el toro fue Asterion, el Minotauro.


Su capital era célebre en el mundo por el laberinto, lleno de intrincados corredores, de los cuales era casi imposible encontrar la salida. En el interior vivía el terrible Minotauro, un monstruo con cabeza de toro y cuerpo de hombre, fruto de los amores de Pasifae, la esposa de Minos, con un toro que Poseidón, dios de los mares, hizo surgir de las aguas. En cada novilunio había que sacrificar un hombre al Minotauro, pues cuando el monstruo no satisfacía su apetito, se precipitaba fuera para sembrar la muerte y desolación de los habitantes de la comarca.

Un día, el Rey Minos recibió una trágica noticia: su hijo acababa de morir asesinado en Atenas. Minos clamó venganza, reunió a su ejercito y lo envió a Atenas para iniciar el ataque. Atenas, al no estar preparada, no pudo ofrecer resistencia y solicitó la paz. Minos, con severidad dijo: "Os ofrezco la paz, pero con una condición: cada nueve años, Atenas enviará siete muchachos y siete doncellas a Creta para que paguen con su vida la muerte de mi hijo". Aquellos jóvenes serían arrojados al Minotauro para que los devorara. Los atenienses no tuvieron más remedio que aceptar aunque con una única reserva: que si uno de los jóvenes conseguía matar al Minotauro y salir del laberinto (cosa poco menos que imposible) no sólo salvaría su vida, sino también la de sus compañeros, y Atenas sería eximida de dicha condena.

Dos veces pagaron los atenienses el trágico tributo. Se acercaban ya el día en que por tercera vez la nave de velas negras, signo de luto, iba a surcar la mar. Entones, Teseo, hijo único del rey de Atenas, Egeo, ofreció su vida por la salvación de la ciudad. El Rey y su hijo convinieron en que si a Teseo le favorecía la suerte, el navío que los volviera al país enarbolaría velas blancas.

La prisión en Creta, donde Teseo y los otros jóvenes fueron alojados como prisioneros, lindaba con el parque por donde las hijas del Rey Minos, Ariadna y Fedra, solían pasear. Un día el carcelero avisó a Teseo que alguien quería hablarle. Al salir, el joven se encontró con Ariadna, quien subyugada por la belleza y la valentía del joven decidió ayudarle a matar al Minotauro a escondidas de su padre. "Toma este ovillo de hilo y cuando entres en el Laberinto ata el extremo del hilo a la entrada y ve deshaciendo el ovillo poco a poco. Así tendrás una guía que te permitirá encontrar la salida". Le dio también una espada mágica.

A la mañana siguiente, el príncipe fue conducido al Laberinto, tomó el ovillo, ató el extremo del hilo al muro y fue desenrollándolo, a medida que avanzaba por los corredores. Tras mucho caminar, penetró en una gran sala y se encontró frente al temible Minotauro, que bramaba de furor se lanzó contra el joven. El Minotauro era tan espantoso, que Teseo estuvo a punto de desfallecer, pero consiguió vencerle con la espada mágica. Le bastó luego seguir el hilo de Ariadna en sentido inverso y pronto pudo atravesar la puerta de salida.

Teseo salvó su vida, la de sus compañeros y liberó a su ciudad de tan horrible condena. Dispuestos ya a reembarcar, Teseo llevó a bordo en secreto a Ariadna y también a Fedra, quien no quiso abandonar a su hermana mayor. Durante el viaje y tras una feroz tormenta tuvieron que refugiarse en la isla de Naxos. Vuelta la calma, emprendieron el retorno. Pero Ariadna no aparecía, la buscaron, la llamaron, pero fue en vano. Finalmente abandonaron la su búsqueda y se hicieron a la mar. Habían zarpado cuando Ariadna despertó en el bosque, después de caer extenuada por el cansancio. De pronto, y rodeada por monumental ceremonia se le apareció el joven más bello que nunca antes haya visto. Era Dionisios, dios del vino, quien le ofreció casamiento y hacerla inmortal. La joven aceptó y después de un viaje triunfal por la Tierra, el dios la llevó a su morada eterna.

En tanto, en Atenas cundía la tristeza. El anciano Rey iba todos los días a la orilla del mar, esperando ver a su hijo retornar. Al fin, el barco apareció en el horizonte. Pero traía las velas negras y el anciano desesperó. Es que Teseo, abatido por la desaparición de Ariadna había olvidado izar las velas blancas, signo de su victoria. Loco de dolor, el rey Egeo se arrojó al mar que desde entonces lleva su nombre. Pasó el tiempo y los atenienses reunidos en asamblea ofrecieron la corona a Teseo, quien se casó luego con Fedra y reinó por largos años.

imagen