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En la mitología griega las Amazonas eran una antigua nación legendaria de guerreras o un país contemporáneo poblado por mujeres en los confines del mundo. Las leyendas parecen tener una parte real basada en las mujeres guerreras de los escitas, pero los griegos antiguos nunca dejaron de asombrarse de tal inversión de roles. En un anticipado uso moderno, la palabra fue empleada a menudo para referirse a mujeres fuertes e independientes, en contraste con los estereotipos convencionales de mujeres débiles y pasivas (véase damisela en apuros), pero actualmente «amazona» tiene en tales contextos ciertos matices irónicos (compárese Valquiria).

Se decía que las amazonas vivían en Ponto cerca de la costa del mar Euxino, donde constituían un reino independiente bajo el gobierno de una reina, llamada con frecuencia Hipólita (‘la que deja sueltos sus caballos’). Se suponía que habían fundado muchas ciudades, entre ellas Esmirna, Éfeso, Sinope y Pafos. Según otras fuentes, originalmente llegaron al Termodonte desde el Palus Maeotis (‘Lago Mareotis’, el Mar de Azov).

En algunas versiones, ningún varón tenía permiso para residir en el país de las amazonas, pero una vez el año, para evitar la extinción de su raza, éstas visitaban a los gargarios, una tribu vecina. Los niños varones que resultaban de estas visitas era sacrificados o enviados de vuelta con sus padres; las niñas se quedaban con ellas y eran criadas por sus madres, y adiestradas en las labores del campo, la caza y el arte de la guerra (Estrabón xi. p. 503).

En La Ilíada, se nombra a las amazonas como Antianiras (‘las que luchan como varones’). Herodoto las llamó Andróctonas (‘asesinas de varones’).

Las amazonas aparecen relacionadas con varias leyendas griegas. Invadieron Licia pero fueron derrotadas por Belerofonte, que había sido enviado a luchar contra ellas por Iobates, el rey de este país, con la esperanza de que encontrase la muerte a manos de las amazonas (La Ilíada, vi. 186). Según Diodoro (Biblioteca Histórica, iii. 52-55), serían originarias del oeste de Libia. Su reina Mirina las llevó a la victoria contra los atlantes y las Gorgonas.

Atacaron a los frigios, que fueron ayudados por Príamo, por entonces un hombre joven (La Ilíada, iii. 189). A pesar de esto en su vejez, hacia el final de la Guerra de Troya, sus antiguas oponentes se pusieron de su lado contra los griegos bajo el mando de su reina Pentesilea, quien fue muerta por Aquiles (Quinto de Esmirna i.; Justino ii. 4; Virgilio, Eneida i. 490).

El noveno trabajo impuesto a Heracles por Euristeo fue conseguir la posesión del cinturón de la reina amazona Hipólita (Apolodoro ii. 5). Fue acompañado por su amigo Teseo, quien raptó a la princesa Antíope, hermana de Hipólita, un incidente que llevó a la invasión de Ática en represalia, donde Antíope pereció luchando junto a Teseo. En algunas versiones, sin embargo, Teseo se casaba con Hipólita y en otras lo hacía con Antíope, quien no moría. La batalla entre los atenienses y las amazonas se conmemora con frecuencia en un género artístico expresamente dedicado, la amazonomaquia, esculturas en mármol como los del Partenón.

También se dice que las amazonas habrían emprendido una expedición militar contra la isla de Leuce, en la embocadura del Danubio, donde las cenizas de Aquiles habían sido depositadas por Tetis. El fantasma del héroe muerto se apareció aterrorizando a los caballos, que tiraron y pisotearon a las invasoras, obligándoles a retirarse. Se dice que Pompeyo las encontró en el ejército de Mitrídates VI del Ponto.

Se oyen historias sobre ellas en la época de Alejandro Magno, cuando algunos de sus biógrafos mencionan que la reina amazona Talestris le visitó y fue madre con él. Sin embargo, otros biógrafos cuestionan esta afirmación, incluyendo a Plutarco, considerado ampliamente una fuente secundaria. En sus escritos, éste menciona que cuando un comandante naval de Alejandro, Onesicrito, estaba leyendo el pasaje sobre la amazona de su historia de Alejandro al rey Lisímaco de Tracia, que participó en la expedición original, éste le sonrió y dijo «¿Y dónde estaba yo, entonces?».

En La Eneida, el escritor romano Virgilio tomó prestado mucho del mito de las amazonas para su personaje de la doncella guerrera volsca Camilla.

Orígenes escitas [editar]

En una excavación de yacimientos samartianos en 2003 realizada por la Dra. Jeannine Davis-Kimball fue hallada una tumba en la que estaban enterradas mujeres guerreras, lo que prestó cierta credibilidad a los mitos sobre las amazonas. Tras esta excavación, la Dra. Davis-Kimball y el Dr. Joachim Burger compararon material genético del yacimiento con el de kazajos, hallando un sorprende lazo genético, verificado posteriormente por la Universidad de Cambridge [1].

Antes de que la arqueología moderna descubriese algunos de los enterramientos escitas de doncellas guerreras sepultadas bajo kurganos en la región Altai de Siberia, dando por fin forma concreta a los relatos griegos de amazonas a caballo, el origen de la historia de las amazonas ha sido objeto de especulación entre investigadores clásicos. En la Encyclopaedia Britannica de 1911 variaba las siguientes hipótesis que se detallan a continuación.

Mientras algunos consideran a la amazonas un pueblo puramente mítico, otros les suponen un fundamento histórico. Las deidades a las que prestaban culto eran Ares (que sistemáticamente se les asigna como un dios de la guerra, y como un dios de Tracia y generalmente de origen nórdico) y Artemisa, no la diosa griega normal así llamada, sino la deidad asiática equivalente en algunos aspectos. Se conjetura que las Amazonas eran originalmente las sacerdotisas y sirvientes del templo (hierodulae) de esta diosa, y que la amputación del pecho correspondía con la automutilación del dios Atis y los galos, los sacerdotes romanos de Cibeles. Otra teoría es que, a medida que se extendía el conocimiento de la geografía, los viajeros volvían contando historias de tribus gobernadas únicamente por mujeres que asumían las obligaciones que en los demás lugares se consideraban exclusivas del hombre, a quien se aseguraba los derechos de nobleza y herencia, y que tenía el control supremo de todos los asuntos. De ahí surgió la creencia en las amazonas como una nación de mujeres guerreras, organizada y gobernada totalmente por mujeres. Según J. Vurtheim (De Ajacis origine, 1907), las amazonas eran de origen griego: «todas las amazonas son arqueras, y la propia Diana era una amazona». Se ha sugerido que el hecho de que la conquista de las amazonas se atribuya a dos famosos héroes de la mitología griega, Heracles y Teseo (a quienes se asignaban generalmente la tarea de enfrentarse a monstruos y seres de por sí imposibles, pero usados como ejemplos del peligro y el daño permanentes) demuestra que eran una ilustración mítica de los peligros que acechaban a los griegos en las costas de Asia Menor. Quizás más bien puede pensarse que las amazonas representaban el conflicto entre la cultura griega de las colonias del Mar Negro y el barbarismo de los habitantes nativos.

Herodoto contaba que los samartianos era descendientes de las amazonas y los escitas. Sus orígenes escitas/sakas/cimerios/gomerios se ven reforzados más aún por su procedencia de los escitas del Termodonte que invadieron aquella región procedentes de los alrededores del Mar de Azos y su uso del arco y las flechas como arma principal, así como su costumbre de luchar a caballo.

Los autores de la Edad Media y el Renacimiento acreditaban a las amazonas la invención del hacha de guerra. Esto está probablemente relacionado con el sagaris, un arma parecida a un hacha asociada tanto con las amazonas como con las tribus escitas por los autores griegos (ver también kurgan de Aleksandrovo). Paulus Hector Mair expresa su sorpresa acerca de que tales «armas hombrunas» hubieran sido inventadas por una «tribu de mujeres», pero acepta la atribución por respeto a la autoridad de Johannes Aventinus.
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