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Los Yale o Centícoras tienen unos cuernos muy grandes y flexibles que mueven independientemente en cualquier dirección. Son curvos y aunque midan casi 2,5 metros es muy difícil quebrarlos, pero se pueden lastimar de forma leve fácilmente y con gran dolor para la bestia. Cuando lucha, siempre mantiene un cuerno señalando hacia detrás. De esta forma, si el cuerno con el que está luchando resulta dañado, puede volverlo hacia atrás y atacar con el otro, que estaba protegido apoyado contra el lomo.

Su aspecto y tamaño es el de un antílope grande o el de un caballo, pero con cola de elefante, mandíbula y colmillos de jabalí. El color de su piel rugosa es negro, pero está veteado con líneas de un negro más oscuro a lo largo del lomo. Algunos ejemplares también ostentan una especie de barbita de chivo. Otros naturalistas lo describen con aspecto de cabra o ciervo, pero no se acerca demasiado a la realidad. El único dato curioso que añaden algunos de estos naturalistas es que los cuernos tienen una sofisticada articulación dispuesta en un eje con tres planos o superficies que actúan individualmente. El mecanismo es similar al de algunos tipos de rotores. Esta es la explicación para que las Centícoras puedan mover y girar independientemente hacia delante y hacia atrás sus cuernos.

Para distinguir entre dos individuos de esta especie se suelen comparar los cuernos, ya que presentan marcas en espiral únicas de cada Yale. Incluso, para distinguir entre las variedades de Centícoras siempre se tiene en cuenta el tamaño, forma y peso del cuerno, pues es un rasgo prominente que ayuda a la difícil identificación entre las diferentes subespecies.

La subespecie Bedford es delgada, tiene una cola copetuda y su hocico es similar al de un jabalí. Sin embargo, al contrario que la mayoría de sus congéneres tiene los cuernos rectos y bastante más largos de lo habitual. La subespecie Beaufort es má gruesa en cuanto a su estructura y es tiene más apariencia de cabra. Su cuernos son totalmente curvados. Ambos tipos tienen colmillos.

Su gran enemigo es el Basilisco Común. Cuando este serpentino ser se encuentra a una Centícora dormida le pica entre los ojos, haciendo que éstos se hinchen hasta que estallan.

A pesar de que la intención de los naturalistas que investigaban a criaturas fabulosas fue siempre la de agrupar sus características y presentarlas como si fuesen criaturas homogéneas y casi sin variantes, desistieron en cuanto al Yale. En una carta del naturalista Charles Van Idriech'ik Inëgol y sus colaboradoes a su amigo Hendrich Mazyr, expresa su desolación por haber sido incapaz de clasificar adecuadamente al Yale.

"... estamos absolutamente inseguros de su apariencia real. La morfología exacta de la cara y de muchas otras partes de su cuerpo es un secreto que no hemos conseguido desvelar. Aparte de eso, sus cuernos son únicos. Los informes en cuanto a su tamaño difieren incluso más de medio metro en los individuos de una misma región, y no estamos tampoco seguros del color y dimensiones exactas tanto de la propia bestia como del cuerno. Los esbozos que he adjuntado de individuos capturados recientemente lo demuestran. El de la derecha tiene los cuernos mucho más grandes que el de los esbozos de la izquierda pero su capacidad de girar los cuernos, de modo que la bestia pueda enfrentarse en ambas direcciones, tanto girarlos independientemente como moverlos adelante y atrás inmediatamente no está en entredicho. Es lo único que se puede aplicar a todos los individuos.
Lamentablemente los pocos individuos que capturamos son bastante diferentes entre sí y los Yales avistados en pleno campo son muy diferentes a los que conseguimos capturar fortuitamente.
Tenemos la impresión dque los que conseguimos capturar de vez en cuando son una subespecie mucho más apartada del resto. Aún no tenemos datos certeros de . Por eso hemos empezado a llamar Centícoras a los individuos que no podemos capturar pero tenemos pruebas de su presencia y mayor velocidad.

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